
Bandas sonoras: Michael Nyman,
Gabriel Yared, Angelo Badalamenti, Hans Zimmer, etc.
Mi pretensión con este artículo
es la de ofrecer al lector una guía sobre la música
más destacada que se ha compuesto para el cine, siempre
desde mi particular visión. También tendré
en cuenta la música clásica que con frecuencia
algunos directores incorporan en sus películas. Para
que no haya dudas, aclaro desde el primer momento que no menciono
todas las obras de los compositores a los que hago referencia,
sino tan sólo las que más me cautivan.
Michael Nyman
Ahora mismo, si tuviera que mencionar
a un compositor brillante, que sobresalga por su capacidad
para llegar a lo más hondo, ése sería,
sin duda, Michael Nyman, punta de lanza de
lo que se ha dado en llamar minimalismo.
Su trabajo más conocido para el cine es la banda sonora
de 'El Piano', de Jane Campion. Buena parte
del éxito obtenido por el filme se debió a los
arpegios del egregio compositor británico. Muchos son
los espectadores que recuerdan a Anna Paquin danzando en la
playa, con una fina lluvia perlando de aljófar su rostro,
al son de la envolvente y deliciosa 'The heart ask pleasure
first'. Ésta es una de las piezas más eximias
de la película, pero hay muchas otras que no tienen
desperdicio, tales como 'Big is my secret'. En su conjunto,
esta BSO es excelente.
Uno de los estigmas que aflige a numerosos
artistas es que el público tiende a identificarlo con
una de sus creaciones, que además no siempre tiene
por qué ser la mejor. Éste es el caso de Michael
Nyman. Bastaría con preguntar a un espectador cualquiera
cuántas bandas sonoras conoce de este compositor para
comprobar que la de 'El Piano' es la única que le viene
a la cabeza. Sin embargo, la aportación de Nyman para
el cine es prolífica y proficua.
Una de sus mejores bandas sonoras
es la de 'Gattaca', de Andrew Niccol. Como
ocurría en el caso de 'El Piano', la música
del genio inglés supera en belleza a las imágenes
que acompaña, si bien ambas películas rayan
a gran altura. Temas como 'The Arrival' o 'The Departure'
–esta última es una variación de aquélla–
desprenden una melancolía tal que son capaces de ponerte
un nudo en la garganta con la emoción que te hacen
sentir. Es el tipo de música que te invita a sumirte
en reflexiones. Otras piezas destacadas de la película
son 'Gattaca Opening Theme' y 'The Other Side'. Una curiosidad
es el 'Impromptu for 12 fingers', en el que se permite hacer
un homenaje a Schubert.
Ya que he hablado de homenajes, no
puedo pasar por alto el que le brindó a Purcell en
la BSO de 'El contrato del dibujante'. Ésta
es su colaboración más conocida y notable con
Peter Greenaway. La pieza 'Chasing sheep is best left to Shepherds'
se hizo muy popular al aparecer en un spot publicitario, pero
la más compleja y valiosa es 'The garden is becoming
a Robe Room'.
Otra banda sonora que todo buen melónamo
debería escuchar es la de 'El fin del romance',
de Neil Jordan. Aquí se combina como en pocas el violín
y el piano, creando un ambiente romántico y sensible
en extremo. 'Love doesn´t end' es magistral, al igual
que 'Diary of hate' o 'I know your voice'.
No quisiera concluir este apartado
dedicado a Nyman sin antes citar la banda sonora de 'El
Perdón', de Michael Winterbottom, gran amigo
del compositor. En esta ocasión, el compositor recurre
a una voz femenina para acentuar el sentimiento dramático.
'The exchange' o 'The snowy death' son una buena muestra de
la calidad de esta banda sonora, que para algunos entendidos
es la mejor.
Y hablando de Michael Winterbottom,
una obra memorable de Michel Nyman que no puedo pasar por
alto es la banda sonora de 'Wonderland',
que contiene dos temas para piano dotados de una sensiblidad
extraordinaria: 'Nadia' y 'Debbie', que el realizador inglés
usaría años más tarde para acompañar
otra de sus películas: '9 songs',
donde incluso podía verse a Nyman en pleno concierto.
Gabriel Yared
Un compositor que cada día
me gusta más es Gabriel Yared. La
primera vez que supe de él fue cuando vi 'El
Paciente Inglés', la sublime película
de Anthony Minghella. En este caso se puede decir que música
e imágenes forman un matrimonio de belleza inmarcesible.
La voz de la cantante búlgara Marta Sebestyen en el
arranque de la película, cuando el aeroplano sobrevuela
las dunas, es una sensación que nunca se olvida. 'The
cave of swimmers'. 'Read me to sleep' o 'As far as Florence'
son temas que te dejan marcado por su emotividad. Por si la
música del compositor libanés no fuera suficiente,
Minghella incluyó el aria de las 'Variaciones Goldberg',
de Bach, a modo de música diegética, contribuyendo
a crear un clima más romántico.
Yo creía que no sería
capaz de superarse, pero me equivoqué. Con 'Cold
Mountain', también de Minghella, ha dado lo mejor
de sí hasta ahora. Piezas como 'Ada Plays' y 'Ada and
Inman', tocadas con piano, inicialmente, para luego recibir
un acompañamiento orquestal, son soberbias. La película
es buena, pero en este caso se ve claramente superada por
la música, lo mejor que he escuchado en los últimos
años.
La más reciente aportación
de Yared es la banda sonora de 'Troya', la
rechazada, no la que se puede oír en la película
de Wolfgang Petersen –que es de James
Horner, un burdo remedo de la de aquél–.
Lo que le sucedió a Yared con el director alemán
es curioso. Éste le pidió permiso para utilizar
los temas que había compuesto para la película,
cuando aún no estaban terminados. El compositor, convencido
de la calidad de su trabajo, le dio su aquiescencia, y luego
resultó que al público que asistió al
pase de prueba no le gustó la música –habría
que ver qué azacanes y mastuerzos irían, para
emitir semejante opinión–, motivo por el cual
Petersen, que, recordemos, también cumplía funciones
de productor, decidió ipso facto expulsar a Yared,
que se encontró de patitas en la calle sin mediar explicación.
Un comportamiento ético, sí señor.
La actuación de Horner en este
tinglado también da mucho que hablar. Como disponía
de apenas dos meses para crear la música, y aprovechando
que las cantantes macedonias que habían trabajado con
Yared estaban a mano, se valió de ellas para su composición.
En fin, al bueno de Yared le hicieron la zancadilla y luego
le pisaron. Menos mal que algún directivo avisado logró
hacerse con unas copias de la obra del libanés y las
sacó de forma ilegal del estudio, saltándose
por las buenas los derechos de propiedad intelectual que impedían
dar a conocer una banda sonora que, aunque incompleta, se
nota que es buena.
Angelo Badalamenti
Hay muchos compositores que unen su
talento a un director, y que siempre colaboran con ellos.
Éste es el caso de Angelo Badalamenti
y de David Lynch. Otras sociedades creativas similares las
constituyen Danny Elfman y Tim Burton, o, en su tiempo, Vangelis
y Ridley Scott. También podría incluirse en
esta categoría al citado Gabriel Yared, que ha trabajado
en tres ocasiones para Anthony Minghella –la que no
mencioné más arriba fue 'El talento de Mr. Ripley',
por ser de inferior calidad–.
La banda sonora más excelsa
de Badalamenti es indiscutiblemente la de 'Una historia
verdadera', aunque se le conoce más por la
música que compuso para la serie 'Twin Peaks'.
Los suaves acordes de guitarra rasgada que caracterizan al
tema 'Rose´s Theme' tienen la virtud de enternecer al
corazón más pétreo, y comulgan de un
modo mirífico con la mirada triste y ausente del personaje
de Sissy Spacek. De otro lado, el 'Country Waltz' –que
una marca de automóviles ha aprovechado para un spot
publicitario– aporta una sensación de paz y tranquilidad
que, en definitiva, es la búsqueda de Alvin, el personaje
interpretado por el finado Richard Farnsworth.
Aunque no llegan a la hermosura de
esta obra, el trabajo de Badalamenti para 'Mulholland
Drive' y 'Carretera Perdida' es asimismo
laudable. Lo que diferencia a estas composiciones de la anterior
es que en éstas lo que perseguía era crear un
ambiente lúgubre y siniestro que realzara la proterva
oscuridad de los filmes a los que acompañaba –por
esa razón, en la segunda se pueden oír canciones
de Marilyn Manson, Nine Inch Nails y Rammstein–. En
consecuencia, es un tipo de música más árida
para escuchar por separado de la película.
Otro director amigo de lo onírico
con el que suele trabajar Angelo Badalamenti es Jean-Pierre
Jeunet, para quien primero compuso la banda sonora de 'La
ciudad de los niños perdidos' y posteriormente
la de 'Largo domingo
de noviazgo', romántica película con un
toque fantástico en la que destaca por su intensidad
dramática el tema principal 'Mathilde's Theme', pero
que además contiene otras piezas más oscuras
como la inicial 'Main Title/The Trenches'.
Hans Zimmer
Ahora
mismo, el compositor en el que todo director piensa para hacer
una película bélica de época es Hans
Zimmer. Esto no es un hecho casual, pues el germano
se ha destacado por su habilidad para recrear la batalla con
el uso de la percusión, las cuerdas y los coros, todos
ellos bien combinados. Su mejor exponente es la banda sonora
de 'Gladiator', de Ridley Scott; y su muestra
más palmaria es 'The Battle', que acompaña a
la victoria de las legiones dirigidas por Máximo Décimo
Meridio sobre las huestes bárbaras teutonas. Esta banda
sonora sabe alternar como pocas la estridencia de la guerra
con la sensibilidad de los momentos de recogimiento. En este
particular tiene mucho que ver la empírea voz de Lisa
Gerrard –parte fundamental de magnífico
y ya desaparecido grupo Dead Can
Dance–, que compuso varias piezas de la BSO, como
las exquisitas 'The wheat' o 'Sorrow'. El tercero en discordia
fue Klaus Badelt, autor de los restantes
temas.
Otra banda sonora que ningún
melómano debería perderse es la de 'La
delgada línea roja', que sobresale por piezas
sensibles y delicadas como 'Light' y 'Journey to the line',
que, por sí solas, son capaces de erizarte el vello.
Aunque no le pertenecen, tampoco conviene perder de vista
las canciones melanesias que Terrence Malick, con su providencial
buen gusto para la música, incluyó en esta magnífica
BSO.
Para seguir con su tradición,
Zimmer nos regaló hace poco otra maravilla del género:
la banda sonora de 'El último samurái',
de Edward Zwick. En esencia, es una repetición de la
misma fórmula: fuerza y finura, y también con
brillantes resultados. 'A way of life', 'Spectres in the fog'
e 'Idyll´s end' contienen melodías que seducen
los sentidos.
Wojciech Kilar
A
pesar de que lleva tiempo sin sacar nada a luz, el compositor
de origen polaco Wojciech Kilar bien merece
estar en esta sección. Desde que la escuché
por primera vez me enamoré de la música que
creó para el 'Drácula'
de Coppola; tanto es así, que recuerdo que fue el primer
cedé que compré. La película es una de
mis preferidas, al igual que su banda sonora. En ambas se
respira ese romanticismo gótico y acendrado que hoy
en día es una reliquia de tiempos pasados –y
mejores–. Temas con 'Love remembered', 'Mina/Drácula'
y 'The Brides' son armoniosos, tentadores y sensuales, y se
deslizan por el alma como una serpiente enroscada.
La otra gran obra de Kilar es la BSO
de 'Retrato de una dama', de Jane Campion,
que exorna a una película que, en verdad, no es digna
de una presea tan valiosa. En los 'End Titles' se resume lo
mejor de su creación.
Kilar parece abocado a participar
en filmes que no le hacen honor, y así tenemos la banda
sonora de 'La novena puerta', que es muy
buena, pero que se ve lastrada por pertenecer una película
de calidad ínfima.
John Barry
Uno de los compositores que mejor
sabe tratar temas románticos es John Barry.
Películas como 'Bailando con lobos',
de Kevin Costner, y 'Memorias de África',
de Sidney Pollack, beben de su genialidad y le deben buena
parte de su identidad. En la primera destacan 'The John Dunbar
Theme', 'Love Theme' y 'Two Socks: The Theme'. De la segunda
es inevitable reseñar 'I had a farm in Africa' y 'I
had a compass from Denys'.
Ennio Morricone
A Morricone le ocurre
algo parecido a lo que le sucede a Nyman: en la memoria colectiva
su imagen está asociada de forma indisoluble con la
banda sonora de 'La Misión', de Roland
Joffé, si bien algunos también le recuerdan
por la del 'El bueno, el feo y el malo',
de Sergio Leone; y ello a pesar de que ha dado muchas y grandes
composiciones.
Sin pretender ser un iconoclasta o
un émulo de Zoilo, en mi opinión la mejor creación
de Morricone es la banda sonora de 'Érase una
vez en América', de Leone. Nunca ha sonado
mejor una armónica que en 'Cockeye´s song'. También
es digna de elogio 'Deborah´s Theme', la canción
con la que daba sus primeros pasos en el cine Jennifer Connelly.
La banda sonora de 'La Misión'
también ocupa un lugar preeminente en la fonoteca de
todo amante de la música. Su pieza más célebre
es 'Gabriel´s oboe', que en la película interpreta
el personaje de Jeremy Irons con la flauta ante los atónitos
y pugnaces indios guaraníes.
Otra BSO de Morricone que hay que
destacar es la de 'Cinema Paradiso', de Giuseppe
Tornatore, aunque quizá esté un poco sobrevalorada
por el aura de emotividad asociada a la niñez y al
despertar de los sentidos que le acompaña.
La primera nominación a los
Oscar la recibió por la banda sonora de la cautivadora
película de Terrence Malick 'Días del
Cielo', en la que sobresalía su adaptación
de 'El carnaval de los animales', de Camille Saint-Saëns,
una obra soñadora y nostálgica, como de cuento
de hadas, que se avenía extraordinariamente al carácter
fabulesco de la película. En este punto se hace preciso
aclarar que es habitual en el cine de Malick las varaciones
de una misma pieza musical, como ya hiciera en 'Malas Tierras'
con la 'Música Poética' de Carl Orff, una melodía
semidesconocida en aquellos años 70 que desde entonces
ha sido muy usada en la publicidad y en el cine –cfr.
'Amor a quemarropa', de Tony Scott–.
Su gran pesar fue no haber trabajado
a las órdenes de Kubrick, director por quien siente
una profunda admiración, y con quien a punto estuvo
de colaborar en 'La naranja
mecánica'.
Vangelis
Si antes decía que nunca una
armónica sonó tan bien hasta que la tocó
Morricone, otro tanto podría decir del saxofón
en relación con Vangelis, y, más
concretamente, en el 'Love Theme' de la BSO de 'Blade
Runner', de Ridley Scott. A esta película también
pertenecen los 'End Titles', que se hicieron muy conocidos
a raíz oírse, tiempo ha, en la cabecera de Informe
Semanal. Una curiosidad acerca de esta BSO es que años
después de su estreno y comercialización se
editó un CD con piezas añadidas, entre las cuales
sobresale 'Rachel's song', que es una delicia para los oídos.
Sin alcanzar las elevadas cotas de
la citada banda sonora, la de '1492: La conquista
del Paraíso' es una obra a tener en cuenta.
Brillan con luz propia 'Monastery of La Rabida' y 'Light and
shadows'.
Menionaré de igual modo su
composición para 'Carros de fuego',
de Hugh Hudson, que a mí no me encadila, pero que en
su momento fue mítica.
John Williams
John Williams es
otro compositor que tiende a formar tándem con un director;
en este caso, con Spielberg. Es uno de los más prolíficos
que hay. Sinceramente, yo no recuerdo cuántas bandas
sonoras ha compuesto. De todas ellas, yo me quedo dos: la
de 'Inteligencia Artificial'
y la de 'La lista de Schindler'.
La primera de ellas me parece excepcional,
una obra maestra, y eso que Williams no es santo de mi devoción
–no me entusiasma su música para sagas como la
de 'Star Wars' o 'Indiana Jones'–.
En la banda sonora de 'A.I.' plasmó
su quintaesencia, mostrándose como un epígono
de Tchaikovsky y Khatchaturian. Piezas como 'Where dreams
are born' y 'The search for the blue fairy', que cuentan con
la voz de Lara Fabian, son enternecedoras, tanto como las
imágenes surgidas del magín de Spielberg. Otras
como 'The Moon raising' o 'The Mecha World' crean un contraste
por su velocidad y percusión, e incorporan ritmos árabes
que ineluctablemente recuerdan a 'Blade
Runner'.
'La lista de Schindler' es una referencia
obligada cuando se habla de Williams. Consiguió unos
sones muy dramáticos con el violín.
Howard Shore
Lo que dije de Hans Zimmer en relación
con su trayectoria ascendente se puede aplicar también
a Howard Shore. El compositor canadiense
está en racha. Así lo atestiguan sus trabajos
para películas como la trilogía de 'El
Señor de los Anillos', de Peter Jackson, o para
Scorsese en 'Gangs of New York'. Shore se
dio a conocer por sus colaboraciones con su compatriota David
Cronenberg, pero ahora ha alcanzado tal éxito que se
lo reparten los estudios más importantes. La BSO de
'Las dos torres' es su trabajo más
destacado, con temas como 'The riders of Rohan' o 'Foundations
of stones'.
Basil Poledouris
Del compositor de origen griego sólo
reseñaría una obra: la BSO de 'Conan
el bárbaro', de John Milius; que, no obstante,
es realmente buena. 'Theology & Civilization', 'The Orgy'
y 'Riders of the steel' son temas que no hay que perder de
vista.
Michael Galasso
Una
de las últimas revelaciones que he tenido fue 'In
the mood for love', de Wong Kar-wai. Esta sin par película,
además de atesorar unos exquisitos fotogramas, filmados
desde una sensibilidad fuera de lo común, contiene
una música que bien puede despejar un cielo nublado
–o encapotarlo más, según el estado de
ánimo que se tenga–. Dos son los temas que se
quedan adheridos a nuestro oído musical: 'Yumeji´s
Theme', una especie de vals oriental compuesto por Shigeru
Umebayashi, y 'Angkor Wat Theme',
la sutil melodía obra de Michael Galasso
que suena al final del filme, cuando el personaje de Tony
Leung visita las ruinas del templo de Angkor Wat para susurrar
en un agujero su amor secreto y taponarlo. El director chino
también tuvo la brillante idea de incluir algunas canciones
de Nat King Cole, como 'Aquellos ojos verdes'
o 'Quizás, quizás, quizás', que, en verdad,
formaban parte del sonido característico de la ciudad
de Hong Kong en la época en que se desarrolla la película
(los años 60).
Wim Mertens
Tras
su ruptura artística con Michael
Nyman, el muy pictórico director Peter
Greenaway buscó compañía en
otro compositor al que se suele adscribir dentro de la corriente
minimalista –el trío de ases lo completaría
el más experimental Philip Glass,
también presente en muchas bandas sonoras–. Gracias
a su incursión en el cine de la mano de Greenaway en
la armoniosa, obsesiva y visualmente deslumbrante 'El
vientre del arquitecto', Wim Mertens,
musicólogo además de pianista, alcanzó
una gran popularidad, siendo reconocido por temas de gran
belleza como 'Struggle for pleasure', '4 Mains', 'Close Cover'
y 'Birds for the mind'.
Clint Mansell
El
compositor británico Clifford Mansell
le debe su fama, así como su presencia en el cine,
a su amigo Darren Aronofsky, que siempre
le ha confiado el apartado musical de sus películas.
Desde su primera colaboración en 'Pi'
dejó clara su vocación por la música
electrónica, pero no fue hasta 'Réquiem
por un sueño' que sus composiciones empezaron
a sonar con fuerza en diversos ambientes. El tema 'Lux
Aeterna' –no confundir con la pieza del mismo
nombre de György Ligeti para '2001:
Una Odisea del Espacio'– fue un auténtico
éxito y le catapultó a lo más alto, dándose
la curiosidad de que una remezcla concebida exclusivamente
para el tráiler de 'El señor de los anillos:
Las dos torres' causó tal sensación que se le
bautizó con el titulo híbrido de 'Requiem
for a tower'.
Sin embargo, su mejor composición
hasta la fecha es la banda sonora de 'La
fuente de la vida', la última y espléndida
película de Aronofsky, donde realmente se puede decir
que ha tocado el Cielo. Aquí deja a un lado la vibración
eléctrica que caracterizaba a 'Réquiem por un
sueño' para sumergirse en el equilibrio, la melancolía
y la extrema sensibilidad que exigía una historia de
estas proporciones, en un tránsito comparable al de
la obertura al nocturno. Predominan los suaves acordes de
violín con ecos electrónicos en la pieza que
sirve de introducción, 'The last man',
y el solo de piano en 'Together we will live forever',
con la que cierra el disco, además de la explosión
de adrenalina que es 'Death is the road to awe',
momento clave de la película. En resumen, una combinación
inmejorable de intimismo, introspección y rabia interior.
Georges Delerue
Georges Delerue se
vinculó desde muy temprano a un género cinematográfico:
la Nouvelle Vague. Así es recordado por sus composiciones
para directores eminentes de esta corriente como François
Truffaut, Jean-Luc Godard o Alain Resnais, aunque
con posterioridad también ha puesto su batuta al servicio
de otros realizadores muy alejados de estas coordenadas como
Oliver Stone. Tres son las bandas sonoras que destacaría
del compositor galo: en primer lugar, la de 'Las
dos inglesas y el amor', de Truffaut, una película
muy bella y romántica para la que compuso partituras
tan delicadas como 'La declaration d'amour', 'Le desespoir
de Muriel' o 'Une petite ile'; en segundo lugar, la de 'La
noche americana', título emblemático
con una no menos egregia música, de canon barroco;
y en último lugar, su obra maestra, el tema 'Camille'
de 'El desprecio', de Godard, pieza musical
que la marca de cosméticos L'Oréal ha rescatado
recientemente para un spot televisivo protagonizado por Jane
Fonda.
James Horner
El compositor californiano James
Horner goza de la dudosa reputación de crear
bandas sonoras partiendo de remezclas y pastiches de algunas
de sus partituras más celebradas, las que le valieron
aplausos y galardones allá por la década de
los 90, con 'Braveheart' y 'Titanic'
a la cabeza. Su inclusión en esta antología
se debe, principalmente, a la calidad de su última
composición, de la que no puedo olvidarme. Me refiero
a la banda sonora de la sublime película de Terrence
Malick 'El nuevo mundo', la
que es, sin duda, su obra más acendrada. Horner tuvo
la desgracia de que el director texano usara sólo una
mínima parte de sus grabaciones como complemento a
los dos temas principales: el Adagio del 'Concierto para piano
No. 23' de Mozart y el Preludio de 'El oro del Rhin' de Wagner,
dos piezas, todo hay que decirlo, de un gran lirismo, frente
a las que es difícil competir de igual a igual. Sin
embargo, esta banda sonora se hacía merecedora de un
mayor aprovechamiento. Contiene pasajes que destilan esa belleza
e inocencia propias de las praderas vírgenes del Nuevo
Mundo, como 'A flame within', 'An apparition in the fields'
y 'Pocahontas and Smith', que aluden a momentos mágicos
del filme. 'The new world' es el tema principal
que se puede oír en los títulos de crédito,
y en él está fantásticamente integrado
el canto y el fluir de la naturaleza, con la que se comunica
la princesa powhatan.
Otra prueba del buen momento por el
que atraviesa James Horner es la banda sonora de 'Apocalypto',
la última película de Mel Gibson, para la que
ha creado una sugerente ambientación con instrumentos
indígenas.
Barry Lyndon
Las películas de época
son un terreno abonado para la utilización de música
clásica. El paradigma de ellas es 'Barry
Lyndon', la eximia obra de Kubrick. Son
tan buenas y tan variadas las partituras que aparecen en su
banda sonora, que es difícil e injusto quedarse con
unas y olvidarse de otras, pero uno de los principios fundamentales
de la vida es ser selectivo.
Para elegir los temas de esta película,
Kubrick escuchó toda la música que se conserva
del siglo XVIII, y como no encontró todo lo que buscaba,
hizo una pequeña trampa
y así incluyó el 'Trío para piano'
de Schubert.
Dos de las piezas que más destacan
son la 'Sarabande', de Haendel,
que se puede decir que es la marca distintiva del filme, y
la canción tradicional irlandesa 'Women of
Ireland', interpretada por The Chieftains.
También se pueden oír partituras tan elegantes
como el 'Concierto para dos claves y cuerda'
de Bach o el 'Concierto para violoncelo'
de Vivaldi. Leonard Rosenman
se encargó de hacer las adaptaciones de las obras.
2001: Una Odisea del Espacio
Otra película de Kubrick
reconocida por su empleo de la música es '2001:
Una Odisea del Espacio'. Quién no recuerda la memorable
elipsis del homínido y el hueso de jumento que se transforma
en nave espacial, todo ello envuelto en la solemnidad de la
obertura de 'Así habló Zaratustra',
de Richard Strauss. Tal vez el monolito y
esta pieza musical sea lo más recordado de la película,
hasta el punto de no poder separar uno de otro. Esta secuencia
es una demostración paladina de cómo se pueden
fundir tres artes –el cine, la música y la literatura/filosofía–
para imprimir una sensación de trascendencia, siendo
Kubrick, Strauss y Nietzsche una misma entidad artística.
Otro Strauss, Johann,
también está presente en esta banda sonora.
'El Danubio azul' arrulla a las naves espaciales
en su órbita terrestre, que se mecen al son del vals
cual ágiles bailarines.
El recorrido de la Discovery en su
viaje a Júpiter se nos muestra a través de la
frialdad –la gelidez que se le atribuye a la ausencia
de atmósfera– del Adagio del 'Gayaneh
Ballet Suite' de Aram Katchaturian.
Es una melodía que inspira una profunda melancolía
rayana en la desesperación, la misma que van a experimentar
los tripulantes en su enfretamiento con la computadora HAL-9000.
El resto de la música que se
oye en la película es del compositor ruso György
Ligeti. Su tema 'Lux Aeterna' es
crucial para entender la evolución de Dave Bowman en
su transformación en bebé estelar.
La naranja mecánica
Ésta es la última película
de Kubrick que incluiré en esta selección,
aunque podría meter prácticamente todas, desde
sus comienzos bajo la batuta de Gerald Fried,
hasta su colaboración con Jocelyn Pook
para 'Eyes Wide Shut', pasando por su unión con Alex
North, que compuso la BSO de 'Espartaco'.
En la banda sonora de 'La
naranja mecánica' brilla con luz propia Beethoven,
que incluso forma parte del argumento. La 'Novena
Sinfonía' aparece varias veces, unas como
delectación de Alex de Large, el protagonista, y otras
como sevicia. Kubrick utiliza el segundo movimiento (Scherzo)
y el cuarto, o Coral, que es el que todo el mundo recuerda
y sabría tararear. También se puede oír
un tema curioso llamado 'Beethoviana', que
es un arreglo de Walter Carlos.
Giocchino Rossini
aporta dos piezas: 'La urraca ladrona' y
la obertura de 'Guillermo Tell' –que
Walter Carlos deformó para adaptarla a la cámara
rápida de la indeleble secuencia de Alex con las chicas–.
La dos confieren un aire cómico que frisa con la frivolidad.
Un segundo movimiento de 'Guillermo Tell', en cambio, refleja
la sensación de desasosiego que se apodera de Alex
cuando es expulsado de su casa y se plantea la posibilidad
de suicidarse arrojándose al río.
Amadeus
El biopic que Milos Forman
rodó sobre el genio de Salzburgo es uno de los mejores
del género. Como no podía ser de otra manera,
la música del filme es obra de Mozart, aunque también
hay espacio para otros compositores, como Giovanni
Batista Pergolesi y su 'Stabat Mater'.
La primera composición de Mozart
que se puede oír es su Sinfonía No.
21, primer movimiento. Es la que abre la película,
cuando Salieri intenta suicidarse. Se agradece que en la banda
sonora comercializada no esté incluida la 'Pequeña
Serenata Nocturna', que de tanto escucharla se hace
asaz pesada.
Una de mis favoritas es la 'Serenade
for winds', una pieza poco conocida y muy melodiosa.
También se agradece que estén el 'Concierto
para dos pianos' y el Réquiem,
cómo no. Inolvidable la secuencia en que Salieri ayuda
a Mozart a componerlo en su lecho de muerte, con el contundente
'Rex Tremendae Majestatis' de fondo, y luego, cuando lo entierran
en una fosa común, con el 'Lacrymosa'. El director
checo supo narrar con maestría por medio de la música.
Las óperas del compositor austriaco
ocupan un lugar preeminente. Entre ellas están 'La
flauta mágica', 'Las bodas de Fígaro',
'El rapto del serrallo' y 'Don Giovanni'.La
selección de las piezas es muy acertada.
Muerte en Venecia
La película de Visconti
no puede separarse de la 5ª Sinfonía
de Gustav Mahler. El 'Adagietto'
transporta al profesor Aschenbach en su viaje a Venecia en
el mítico vaporetto. Es un tema de singular belleza
que transmite por igual calma y amor, aunque la singladura
del personaje interpretado por Dirk Bogarde no es precisamente
tranquila.
Platoon
Oliver Stone demostró
tener un buen oído musical al escoger el 'Adagio
for strings' de Samuel Barber, que
previamente había figurado en la banda sonora de 'El
hombre elefante', todo hay que decirlo. La razón
por la que me he decantado por 'Platoon'
es porque me marcó la visión del sargento Elías
(Willem Dafoe) abandonado por los suyos en un bosque a merced
de los disparos de los soldados del Vietcong.
La obra de Barber es preciosa, amén
de conmovedora. Cada vez que la escucho parece que una cuerda
de mi alma vibra hasta el extremo de rasgarse. Una curiosidad
respecto de ella es que la primera vez que se escuchó
públicamente fue en el sepelio de Grace Kelly.
Apocalypse Now
Otra película bélica,
y también sobre la Guerra de Vietnam, que llama la
atención por la utilización de una pieza clásica
es 'Apocalypse Now', de Francis Ford
Coppola. La 'Cabalgata de las Walkirias'
de Wagner que ponen a un volumen atronador
los marines en los helicópteros mientras bombardean
un poblado vietnamita es una secuencia indeleble, tanto como
el famoso 'The End' de Jim Morrison
que muestra los delirios etílicos y lisérgicos
del personaje de Martin Sheen.
Excalibur
La película
de John Boorman sigue siendo la más
digna y verosímil de todas las que han recreado el
mundo artúrico. Desde luego, no tiene nada que ver
con la última versión que se ha estrenado, 'El
rey Arturo', de Antoine Fuqua, que sin haberla visto puedo
asegurar que es una bazofia.
El director británico supo
elegir bien la música. El 'O Fortuna'
de 'Carmina Burana', de Carl Orff,
sirvió para cubrir las escenas de una pátina
de lirismo y epopeya, como cuando los caballeros de la Tabla
Redonda cabalgan a través de un bosque de almendros.


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