
Inteligencia Artificial, una
película de Steven Spielberg
- Exordio
El objeto de análisis de este trabajo
es la película de Steven Spielberg
'Inteligencia Artificial'.
Todo cuanto en ella aparece ha sido estudiado con minuciosidad
y detenimiento; empero, he optado por centrarme en tres temas,
que a mi juicio son los que vertebran la historia narrada:
el Programa Narrativo de David (Haley
Joel Osment), la identidad y la alteridad en una sociedad
donde conviven Orgas (seres
humanos) y Mecas (robots),
y la estructura en forma de monomito o viaje del héroe.
Estos apartados están ordenados en
función de la importancia que tienen para el presente análisis.
En otras circunstancias, sería lógico que la última sección
figurase como la primera, puesto que incorpora sucintas notas
sobre el argumento de la obra (notas que son pertinentes);
sin embargo, como el destinatario de este opúsculo la conoce
bien, toda introducción de ese jaez es un ripio.
Podía haber adjuntado una ficha artística
de la película donde constasen los nombres de los personajes
y de los actores que los interpretan, mas he optado por poner
entre paréntesis el nombre del actor al mencionar por primera
vez al personaje al que da vida.
A pesar de que el punto de vista semiótico
es el que predomina, no por ello he dejado de lado una óptica
cinematográfica, puesto que algunos valores fílmicos enriquecen
el análisis.
Por último, el modo en que he utilizado
la metodología responde más a un planteamiento literario que
esquemático. Es por ello que apenas he recurrido a índices,
tablas y abreviaturas.
- El Programa Narrativo de David
David es el actor principal de este
relato. Su Programa Narrativo de Base consiste en convertirse
en un niño de verdad. Él mismo lo formula con
estas mismas palabras cuando es abandonado por su madre putativa,
Mónica (Frances O´Connor): “Si
me convierto como Pinocho en un niño de verdad, ¿podré
volver a casa?”. Es importante resaltar en este
punto la dimensión que adquiere la expresión
“de verdad”, por cuanto que el conflicto de la
historia parte de la fricción entre lo natural y lo
artificial.
Como se colige de lo expuesto, David
cumple el rol de Sujeto. En consecuencia, el Objeto que persigue
es la mortalidad, para lo cual necesita dejar de ser un Meca
y convertirse en un Orga.
Este deseo de índole proteica hace que la historia
sea de transformación, de un estado inicial a uno final.
Ni que decir tiene que en el estado inicial el Sujeto está
en disjunción con el Objeto.
La voluntad de David de cambiar de
naturaleza puede ser entendida de diferentes maneras. Por
un lado, desde una visión más superficial, se
podría interpretar que su deseo responde a razones
de supervivencia. A
pesar de su juventud, David es consciente de la sevicia con
que los humanos tratan a los robots como él, y por
ello quiere cambiar de grupo de referencia, pasando de una
situación de indefensión a otra de bienestar.
De otro lado, y remontándonos a los motivos prístinos
que impelen a David a albergar este ansia, se puede interpretar
que el deseo de merecer el amor de su madre es la única
razón que está detrás de su anhelo de
cambiar un grupo por el otro. En el primero de los casos,
David sería un advenedizo; mientras que en el segundo
sería un ser abnegado con una fuerte dependencia emocional.
En ambos supuestos late un vehemente egoísmo, puesto
que en todo momento busca la satisfacción personal,
pero la primera lectura es equivocada en tanto que presenta
a nuestro “héroe” desprovisto de cualquier
tipo de sentimiento hacia alguien que no sea él, en
una suerte de solipsismo. Como detallaré más
adelante, la individualidad es uno de los temas principales
que se proponen en este discurso; es decir, la imperiosa necesidad
de distinguirse como un ser único, sin parangón.
Para llegar a este fin, David ha de ser reconocido como tal
por su madre, por lo que el último planteamiento es
el válido.
Como consta arriba, es fácil
señalar cuál es el Programa Narrativo de Base.
A lo largo de la película se expone en innumerables
ocasiones. Ahora bien, lo que plantea más dificultades
es indagar en los roles actanciales que cumple cada personaje
que aparece en el relato. En este sentido, la función
de Destinador es ubérrima en interpretaciones.
En última instancia, parece
paladino que es el propio David el que se hace a sí
mismo el mandato de convertirse en un niño de verdad
para arrogarse el amor de Mónica. La frase que he citado
al comienzo de este apartado es un buen ejemplo de ello. No
obstante, siempre es empobrecedor atender a los efectos sin
tener en cuenta las causas. Toda acción o decisión,
por lo general, tiene tras de sí una caterva de presuposiciones
lógicas, que son las que conducen a ese momento crítico.
Cuando David decide que debe convertirse en un niño
de carne y hueso para granjearse el amor de su madre es porque
previamente habían ocurrido una serie de hechos que
le llevan a pensar de ese modo.
Yendo hacia atrás, la primera
vez que David siente que de ser humano Mónica podría
llegar a quererle más es cuando Martin (Jake Thomas),
el “auténtico” hijo del matrimonio Swinton,
que permanecía en coma, regresa recuperado a su hogar.
David siente desde el primer momento que éste goza
de regalías por parte de su madre. Como
consecuencia de ello, el cariño que Mónica le
profesaba baja en intensidad; y él se resiente.
Martin se erige tan pronto como entra
en contacto con David en el Antihéroe. Ambos rivalizan
por el amor de Mónica, sólo que en esta lucha
Martin tiene todo a su favor. A causa del odio que siente
hacia David, Martin hace todo lo posible por zaherirle, haciéndole
ver las diferencias que existen entre ambos, en virtud de
su constitución. Con aviesas intenciones, el Antihéroe
de este relato le pide a Mónica que les lea en voz
alta el ínclito cuento de Carlo Collodi, 'Pinocho'
(principal fuente de inspiración de 'Inteligencia Artificial'
, junto con 'Frankenstein o el moderno Prometeo' , de Mary
Shelley). Es entonces cuando se gesta en la cabeza de David
la idea de que él puede ser como el niño de
madera del cuento, estimulando su magín hasta tal punto
que ficción y realidad forman un todo coherente e indisoluble.
Nuestro “héroe” escucha con refocilamiento
y arrobo, de labios de Mónica (persona a la que cree
con fe ciega), cómo el Hada Azul hace realidad los
deseos de Pinocho: “El sueño
terminó y Pinocho se despertó entonces maravillado.
Ya no era una marioneta, sino un niño de verdad, como
todos los demás”. En esta frase se aprecia
igualmente esa teórica dicotomía entre lo onírico
y lo real, que David aduna en un solo plano.
Como se observa, el Objeto que persigue
David es en parte inducido por otros actores, que interceden
en el modo que tiene de representarse su entorno. Esto es
tanto más nítido por cuanto que su ingenuidad
hace de él presa fácil para todo tipo de influencias
delusorias. Martin,
deliberadamente, y Mónica, inconscientemente, actúan
como Destinadores solapados, que si bien no establecen con
el Sujeto un contrato, sí determinan su conducta. Para
emitir este aserto me baso principalmente en una idea vista
con anterioridad: cuando escucha la fábula que lee
Mónica, David lleva a cabo un contrato de veridicción
, y sin hesitar considera verosímil lo que llega a
sus oídos, por cuanto que la confianza que tiene hacia
su madre (una figura de incontestable autoridad para él)
es total.
El caso de Mónica es aún
más palmario que el de Martin. Evidentemente, para
nuestro “héroe” el Hacer o el Creer de
Martin son intrascendentes en tanto no tengan algo que ver
con su madre; pero más allá de esto, Mónica
es, de hecho, Destinadora explícita cuando decide,
no sin vacilar, establecer el protocolo de impronta mediante
el cual autoriza a David para que la quiera.
En verdad, es muy acertado el término
que aparece en la frase sacada de 'Pinocho'. David es una
suerte de marioneta tirada por varios hilos que le dejan sin
libre albedrío. El Doctor (y no profesor, como consta
en el doblaje) Allen Hobby (William Hurt), su creador, es
el primer Destinador de la historia. David
es la materialización de su voluntad de crear “un
Meca hijo capaz de amar a sus padres, con feedback neuronal”
; o, como añade a continuación: “un
robot que sueñe”. Desde la presentación,
Hobby aparece como el demiurgo; él tira de los hilos,
pues está en la esfera más alta. Cada paso que
da nuestro “héroe” es observado por él;
más aún, deja señales en el camino para
que pueda llegar al final de su búsqueda (indicaciones
dadas por el Dr. Know para
encontrarse con él). Esto entronca con la fábula
de 'Pulgarcito'.
Sus roles actanciales no se limitan
a esto. En la parte final de la película actúa
como Destinador-juez. Acto seguido reproduciré el diálogo
que tiene lugar entre él y David cuando éste
llega al lugar donde nacen los sueños (el fin del mundo,
Manhattan):
HOBBY:
Nunca he hecho un niño tan
real. Si aplicamos la lógica, eso me convierte en tu
Hada Azul.
DAVID:
Usted no es ella.
HOBBY:
(...) El mayor don del ser humano:
la capacidad de perseguir nuestros sueños, algo que
ninguna máquina podía hacer hasta que llegaste
tú.
DAVID:
Yo creí que era único.
HOBBY:
Mi hijo era único. Tú
eres el primero de tu género.
Como de deduce de este fragmento,
el Destinador-juez sanciona positivamente la acción
del Sujeto. El doctor Hobby ve cumplido su deseo de crear
un Meca capaz de soñar
y de ir en pos de ese sueño. Empero, no es consciente
de que el Sujeto no comparte su sanción, puesto que
no ha cumplido su propósito, no ha llegado al final
de su camino.
Además de Mónica y Hobby
(y el propio David, que es el más importante), todavía
hay otro Destinador: los Mecas
que aparecen transcurridos 2000 años (representados
por un preboste que es el narrador de la historia), quienes
adoptan la forma de Hada Azul y cumplen su deseo. Este
Destinador no le encomienda ninguna acción; lo único
que hace es sancionar en buenos términos la acción
emprendida en el pasado por el Sujeto, y con ello acceder
a sus ímpetras (aunque, como es sabido, su anhelo de
ser querido por Mónica sólo dura un día,
tras el cual ambos duermen eternamente). El relato acaba bien
en la medida en que al final el Sujeto está en junción
con el Objeto, si bien no por mucho tiempo. Aun así,
el hecho simbólico de cerrar los ojos se puede entender
como una prolongación en el mundo de los sueños
de ese estado de junción.
Una figura capital que ha salido varias
veces y de quien todavía no me he ocupado es el Hada
Azul. En realidad, pertenece a la fantasía, por lo
que no es un actor estrictamente. No obstante, sí podemos
decir que es un actante, puesto que, de alguna manera, y aunque
sólo sea por la apariencia con que se recubre, es quien
sanciona la acción de David. La búsqueda del
Hada Azul (una de las piezas musicales compuestas por John
Williams lleva este título) es el Programa Narrativo
Auxiliar (o de Uso) de David. Éste necesita encontrarla
para que, al igual que hiciera con Pinocho, le convierta en
un niño de verdad.
Hay otros actores que intervienen
en el relato y que tienen una aportación estimable.
El oso Teddy (el superjuguete que da nombre a la obra original
de Brian Aldiss en la que se basa la película: 'Supertoys
last all summer long' ) y Gigoló Joe (Jude Law) son
los clásicos ayudantes del héroe. De una u otra
forma, subvienen al Sujeto para que su acción llegue
a buen fin.. En el tercer punto de este análisis estudiaré
con más profundidad la función que desempeñan.
Además de ellos, está
Henry (el marido de Mónica), quien a medida que avanza
la historia se va convirtiendo en un Antihéroe, pues
manipula a aquélla para que abandone a David (entregándolo
a Cybertronics, lo que supondría
su destrucción), por el peligro que pudiera representar
para Martin y para el resto de la familia. Henry se vale de
la manipulación fundada en la intimidación para
que Mónica actúe tal y como él quiere,
espetándole: “Si le
crearon para amar, ¿no es razonable pensar que también
sabe odiar?”. Por lo tanto, lleva a cabo una
acción persuasiva (Hacer Hacer) donde él es
el Destinador y ella la Destinataria.
Esta manipulación se produce
entre dos actores distintos de nuestro Sujeto. Sin embargo,
durante el relato acontece otra manipulación en la
que David es el Destinatario y Martin el Destinador. Este
último le propone que le corte un mechón de
pelo a Mónica para que le diga a ésta que quiere
a David. A esto añade: “Si
lo llevas encima, ella te querrá aún más”.
Inicialmente, es una manipulación en forma de tentación.
A pesar de suponer una tentación suculenta, David se
resiste arguyendo que no puede hacerlo.
Aquí entramos en las modalidades
de la capacidad de obrar. Nuestro “héroe”
siente unas dudas tremendas. Quiere hacerlo (por lo tanto,
cumple el primer requisito, la modalidad virtualizante ),
pero no puede (es incapaz en un primer momento de superar
esa modalidad actualizante ). Por lo demás, sabe cómo
hacerlo, pero eso es lo que menos le preocupa.
Martin, al ver que su manipulación
no da resultado, opta por cambiar la forma de ésta,
pasando de la tentación a la intimidación (eso
sí, velada). Entonces le espeta: “Me
lo has prometido; me has dicho dímelo y luego te lo
prometo, ¿o no?”. Al final, nuestro Destinatario
cede a su voluntad, y esta manipulación a que es sometido
es el principio del fin de su unión con Mónica.
- Identidad y Alteridad (y el juego de las apariencias)
En el mundo que presenta 'Inteligencia
Artificial' hay una relación polémica entre
dos seres: los Orgas y los
Mecas. Los primeros son
principalmente los seres humanos, que gozan de una situación
de dominación, de modo que explotan a su antojo a los
Mecas. Tanto es así,
y tan lejos llega su crueldad, que desatan su furia contra
ellos, convirtiéndolos en espectáculo de demolición.
Haciendo uso del cuadrado semiótico,
se puede coger la categoría semántica Ser (no
puedo hablar de “forma de vida” por motivos obvios)
, y dividirla en los ejes:
NATURAL --------------------------------
ARTIFICIAL
NO ARTIFICIAL --------------------------------
NO NATURAL
Lo Natural se corresponde con los
Orgas, pero también
se incluirían en este grupo los animales. En resumen,
aquí hablaríamos de seres vivos. Lo Artificial,
por el contrario, son los Mecas
; y por extensión, todas las máquinas construidas
por el hombre (de hecho, en muchas ocasiones les llaman así,
en tono peyorativo). Entre ambos hay una relación de
contradicción. Aunque en la película no aparece
ningún caso, en el imaginario de la ciencia ficción
sí hay ejemplos de seres que están a medio camino
entre lo Natural y lo Artificial; verbigracia: Robocop.
Se
trata de seres mitad humanos, mitad máquinas; generalmente
dotados de un cerebro, pero con articulaciones y extremidades
biónicas. Sería el caso de los cyborgs.
Desde el punto de vista de su constitución,
no habría otras posibilidades de combinación
de estos apartados. Las relaciones de contrariedad no tendrían
sentido (sería absurdo hablar de algo Natural y No
Natural al mismo tiempo). Tampoco sería plausible referirse
a algo No Artificial y No Natural. En cambio, si atendemos
a cómo se ve a sí mismo y cómo ve a los
demás cada ser, el abanico de opciones se ampliaría
sobremanera.
Aquí entramos en uno de los
temas principales del filme: todo lo que tiene que ver con
el SER y el PARECER. David es un Meca;
por dentro no es más que un conjunto de cables y chips.
Sin embargo, ello no es óbice para que él se
considere un ser vivo. A este propósito, hay un diálogo
muy ilustrativo entre David y un realizador de ese espectáculo
execrable llamado la Feria de la
Carne, cuando intenta averiguar si ha habido un error
y se ha enjaulado a un niño de verdad:
REALIZADOR:
Eres una máquina.
DAVID:
Soy un niño.
Hay una apreciación distinta
por parte de cada uno de ellos, en función de qué
rasgos considere pertinentes para dilucidar si es un Orga
o un Meca.
David está construido de manera
tal que da toda la impresión de ser un niño
de carne y hueso. Por lo tanto, a todos los efectos parece
real. Mónica le comenta a Henry la primera vez que
ve a nuestro “héroe”: “¿Has
visto su cara? Es tan real..., pero no lo es”.
En la Feria de la Carne,
una persona del público pregunta ante los gritos de
David: “¿Qué
es? Parece un niño”.
Nuestro “héroe”
persigue convertirse en un niño de verdad. Por lo tanto,
es consciente de que, por su constitución, no es natural.
Sin embargo, si quiere ser real, es sólo porque cree
que así se ganará el amor de Mónica.
En
el fondo, David sabe que, tanto si se transforma en un niño
de verdad como si se queda como está, su naturaleza
interior (su armazón afectivo) va a seguir inalterable.
Precisamente por estos rasgos “humanos” inmanentes
a su ser, David no es Artificial, sino Artificial y No Artificial.
Cuando hablo de rasgos humanos me refiero a conceptos como
la capacidad de amar, la voluntad de ayudar, el rechazo de
la violencia, etc.
En este sentido, David nada tiene
que ver con los demás Mecas,
modelos menos evolucionados e incapaces de soñar y
amar. Gigoló Joe, por ejemplo, cuando hace su aparición
le pregunta a Patricia, la chica que ha pagado por sus servicios:
“¿Es la primera vez
con algo como yo?”. Ese adjetivo dice a las claras
qué consideración tiene de sí mismo.
Él asume que es una máquina, tanto por dentro
como por fuera.
Teddy presenta un caso curioso. Siendo,
por su apariencia, el más proclive a considerarse un
robot, le responde a Mónica cuando ésta le presenta
como un superjuguete: “No
soy un juguete”. Asimismo, cuando busca a David
y sus pasos le conducen hasta la Feria de la Carne, al caer
en las manos de una mujer que pregunta a unos niños
“¿Alguien ha perdido
a este perro?”, él responde con un gruñido.
Hasta ahora me he limitado a los Mecas,
pero también se puede hablar de Orgas
que tienen rasgos que exceden lo Natural. Lord Johnson Johnson
(Brendan Gleeson), el líder de esa turba vocinglera
que jalea cada acto de violencia que se comete contra los
Mecas en la Feria
de la Carne, es un ser humano que tiene el corazón
pétreo, y que no hace ninguna distinción entre
máquinas, creyendo que todas sin excepción merecen
ser eliminadas. Por su forma de actuar, por el acíbar
que rezuma cada una de sus palabras, se podría considerar
que es Natural y No Natural. Otro tanto se podría decir
del público, que corea lemas en contra de lo que ellos
llaman “chatarra”
o “basura”.
Spielberg aún va más
lejos cuando equipara a la Meca
que sirve de experimento en el simposio organizado por el
doctor Hobby con Mónica, al hacer una leve transición
en forma de fundido entre dos secuencias miméticas
en cuanto a la continuidad de sus acciones. La primera termina
con la Meca maquillándose,
y la siguiente se abre con Mónica haciendo lo propio.
El director pone de manifiesto que apenas hay diferencias
entre el comportamiento de un robot y el de un humano.
Como queda demostrado, todo depende
de a qué llamemos Natural o Artificial, si a la constitución
(apariencia física), o al modo de expresar y canalizar
los sentimientos.
Llegados a este punto, es curioso
observar cómo David ve a los que le rodean. En la secuencia
en que Mónica le propone ir de excursión ellos
dos solos con objeto de desprenderse de él, antes de
dar ese terrible paso, lee unas cartulinas en las que nuestro
“héroe” ha escrito (en este orden):
- Querida
mami, Teddy me está ayudando a escribirte que te quiero,
a ti y a Teddy.
- Querida
mami, os quiero a ti y a Henry, y brilla el Sol.
- Querida
mami, soy realmente vuestro hijo y odio a Teddy, que no parece
real.
- Querida
mami, soy vuestro hijo y Martin también lo es, pero
Teddy no.
David intenta agradar por todos los
medios a Mónica, y para ello no duda en dejar en mal
lugar a Teddy. Para él, éste no parece real.
Su visión del superjuguete es la misma que de él
tiene Martin. De esta manera, hay una especie de jerarquía
entre ellos en función de su apariencia. Para causar
buena impresión en Mónica, David se traiciona
a sí mismo y habla bien de Martin, su antagonista.
Este juego de las apariencias nos
lleva directamente a otro de los temas principales que propone
la película; a saber: la reivindicación de la
identidad y del carácter único del individuo.
En
la sociedad que muestra 'Inteligencia Artificial', tanto los
Orgas como los Mecas
se reafirman en su identidad para distanciarse del grupo de
referencia al que detestan.
El público que asiste a la
Feria de la Carne necesita
tener constancia de que se diferencia de los robots, y para
conseguirlo, la mejor manera es creando un remedo del Coliseo
donde los Mecas (“infieles”
o “heresiarcas”) son testigos privilegiados de
su propia destrucción (en una parábola evidente
a los cristianos devorados por los leones; preciso es decir
que la película, y en especial esta secuencia, está
entreverada de citas bíblicas). Antes de dar comienzo
a este inicuo espectáculo, el público enciende
la mecha con soflamas como: “¿Y
nosotros qué? Estamos vivos, y esto es una celebración
de la vida”. La multitud que llena las gradas
de esta sentina donde se “tritura
la chatarra” (que viene a ser una muestra del
conjunto de la sociedad integrada por seres humanos) forma
un Sujeto colectivo sintagmático, puesto que todos
se afanan por cumplir un programa único (el aniquilamiento
de los Mecas sin licencia),
respondiendo a un Hacer programado.
Frente a esta homogeneización
característica de los hombres, David es un Sujeto individualista,
que se empeña por mostrarse como un ser único,
especial. En el momento en que mejor se aprecia esta reafirmación
de su identidad es cuando se encuentra con esa réplica
de sí mismo, en el laboratorio de Cybertronics
en Manhattan:
DAVID:
¿Eres de verdad?
RÉPLICA:
Eso creo.
(...)
DAVID:
Nunca será tuya. Es mía.
Yo soy el único.
En primer lugar, la respuesta de la
réplica a la pregunta que le hace David da buena idea
de la confusión generalizada que todos los seres sienten
hacia su identidad. El discurso de la certeza, mediante el
cual uno sabe quién es, no funciona bien aquí.
La duda de su réplica hace que nuestro “héroe”
dude de sí mismo, y por ello acaba con ella. No puede
aceptar que haya alguien como él; y menos aún
que otro comparta su felicidad al lado de Mónica.
La composición de la imagen
que realiza Spielberg para mostrar este decisivo momento es
muy ilustrativa. La cámara se sitúa, en un plano
semicenital, justo detrás de una lámpara de
neón con forma circular partida en dos mitades, de
suerte que parece ser un nimbo que rodea la cabeza de David
(vuelta a la iconografía cristiana). Esto
hay que ponerlo en relación con un plano anterior,
aquél en el que el pequeño robot asiste a la
cena de sus padres, en donde la cámara adoptaba exactamente
la misma posición (creando el mismo efecto), pero con
la diferencia de que la lámpara formaba una sola pieza.
Mi interpretación es que el director trata de representar
en el primer momento la inalterabilidad del Yo de David, para
tiempo después mostrar visualmente cómo se ha
demediado, al entrar en escena un elemento extemporáneo
pero idéntico en apariencia a nuestro protagonista,
y que supone un peligro para la pervivencia de su identidad.
Justo después de eliminar a
ese espejo de sí mismo, David descubre con horror cómo
en la estancia contigua hay una hilera de seres como él,
creados en un proceso de serialización en el que él
es sólo un prototipo. Esta visión es un duro
revés para su ego, y es por ello que pierde toda esperanza
y se arroja al océano.
Todo esto es sugerido veladamente
en la primera parte de la película, durante la convivencia
de David con la familia Swinton. Spielberg, una vez más,
recurre a elementos simbólicos para mostrar anticipadamente
los hechos que se desencadenarán a posteriori. La
disociación de la personalidad que sufre nuestro “héroe”
es sugerida mediante un alambicado juego de reflejos que se
proyectan en los cristales de las puertas del hogar de Mónica
y Henry. Cuando aquélla no se atreve a ponerle el pijama
al pequeño Meca y sale de la habitación sin
dejar de observar detrás de la puerta, David se gira
de forma que su imagen (su “siniestra” sonrisa)
se multiplica tantas veces como copias de él aparecerán
luego.
Sorprende aún más comprobar
cómo la palabra “serie” y sus derivaciones
se repiten varias veces a lo largo del filme (verbigracia:
el protocolo de impronta consta de una clave seriada de siete
palabras).
En una línea similar, David
repite insistentemente su nombre cuando está a punto
de ser abrasado por el aceite hirviendo en la Feria
de la Carne. La tautología también está
en Teddy, que cuando busca al joven Meca
pregunta una y otra vez: “¿Conoces
a David?, ¿sabes dónde está David?, ¿has
visto a David?, etc”. Gigoló Joe también
participa de esta conducta. Cada vez que alguien le saluda
lo hace recurriendo a la fórmula: “¡Hey,
Joe!, ¿qué pasó?”. Mediante
este mecanismo de la repetición tratan de reafirmarse
en sus creencias.
Al final de su viaje, cuando el Hada
Azul (el Meca que cumple
el rol de Destinador-juez) sanciona la acción emprendida
por David, lo primero que le dice es: “Eres
único en todo el mundo”. Esto es la consagración
del carácter individual de nuestro “héroe”.
En estrecha relación con la
individualidad está el deseo de perdurar y de ser recordado.
Aunque es ésta es una preocupación muy humana,
en 'Inteligencia Artificial' son los Mecas
los que más desvelo muestran por ser inmarcesibles.
La razón es obvia: a
pesar de que están hechos para salir incólumes
de la lucha contra el tiempo, son objeto de caza por parte
de los seres humanos, y eso les hace vivir con miedo (a aquéllos
que pueden experimentarlo, se entiende). Gigoló Joe
es el personaje que con más ahínco se aferra
a la existencia. Cuando la policía lo captura y se
eleva en el aire atraído por la imantación le
dice a David: “Háblales
de mí a las mujeres. Yo existo. Existía”.
Esta frase contiene en esencia el concepto de perdurabilidad
de la memoria. Aún más palmarias son las palabras
del Meca final al sancionar
la acción de nuestro “héroe”: “David,
tú eres la memoria perdurable de la especie humana”.
Gigoló Joe, además,
y pese a su aparente bisoñez, tiene una visión
muy lúcida de la naturaleza del conflicto entre Orgas
y Mecas; visión en
la que el deseo de perdurar es coruscante. Adelantándose
a lo que ocurrirá tiempo después, le espeta
a David: “Ellos nos odian;
los humanos. Nada los detendrá... Cuando llegue el
final sólo quedaremos nosotros”.
El carismático gigoló
conoce bien a sus verdugos, y de ahí que sepa que,
al igual que ellos, sienten miedo y confusión ante
lo que les aguarda más allá de la vida: “Los
que nos hacen a nosotros buscan a quien les hizo a ellos”.
Otro comportamiento vinculado al Yo
es la mímesis. El aturdimiento que siente David, derivado
del escaso conocimiento que tiene de su entorno, le impele
en múltiples ocasiones a imitar el modo en que actúan
los demás. Cuando está sentado a la mesa y observa
cómo comen sus padres, él, para no ser menos
(pues su modelo de referencia es Mónica), imita los
gestos que ésta hace con los cubiertos. Como ése
es el grupo de referencia al que quiere pertenecer, no quiere
sentirse desplazado. De igual modo, cuando Martin le provoca
comiendo espinacas, él lo imita, aun sabiendo que será
fatal para su organismo, para no quedar por debajo en la consideración
de Mónica. Como epítome, se podría decir
que David trata de imitar la suerte de Pinocho.
Para cerrar este apartado me referiré
a las relaciones que operan entre Orgas
y Mecas, parte de lo cual
ya he avanzado. Los seres humanos parten de una irreductibilidad
de la alteridad. Se definen a sí mismos como la negación
de los valores que representan las máquinas, excluyendo
de plano todo lo que esté relacionado con “Los
Otros”. El enloquecido público que asiste a la
Feria de la Carne es buena
prueba de ello: “Esto es
un compromiso con un futuro plenamente humano”.
El nombre del espectáculo también es un indicador
de cómo los humanos se ven a sí mismos y a “Los
Otros”. Hay una evidente disjunción entre los
dos grupos.
Los Orgas
siguen una política de exclusión hacia los Mecas,
encerrándolos en guetos y definiendo sus competencias.
Esa Babilonia futurista llamada Rouge
City es un botón de muestra; allí se
los reduce al desempeño de tareas sexuales orientadas
a la satisfacción de los deseos humanos. Asimismo,
a la mínima ocasión son perseguidos y ejecutados,
pues se les considera delincuentes y asesinos en potencia
(caso de Gigoló Joe).
Sólo en algunos casos se les
da un mejor trato: cuando aportan algo útil a los Orgas.
Entonces se les concede una política de admisión,
que dura en tanto en cuanto ese Meca
cumple bien la función que le es encomendada. Así,
el robot que David conoce en la jaula de la Feria
de la Carne (y que es destruido ante sus aterrorizados
ojos), un modelo de candelabro que ha dejado de funcionar,
al no ser útil, automáticamente es sentenciado
a desaparecer del mapa.
David, por ser un niño robot
capaz de amar, es el Meca
que más tolerancia recibe por parte de los Orgas,
sin que ello signifique que sea asimilado, ni mucho menos.
Mónica, al abandonarle, le
explica el camino que debe seguir, según los dictados
de su naturaleza: “Sólo
con los Mecas estarás a salvo, con los que son como
tú”.
Como corolario de lo expuesto, se
puede señalar que las acciones llevadas a cabo por
los Orgas tienen por objeto
mantener la situación.
- El viaje del héroe
El relato que presenta 'Inteligencia
Artificial', por su estructura, puede ser analizado siguiendo
las pautas marcadas por Joseph Campbell en su descripción
del Viaje del héroe. Asimismo, el estudio del monomito
de Christopher Vogler también me ha servido para arrojar
luz sobre este particular.
La historia se divide en tres partes
claramente diferenciadas: la Partida,
la Iniciación y el
Regreso.
La primera comienza con la presentación
de David. En un primer momento, durante la secuencia que abre
la película, se muestra el origen de nuestro “héroe”,
las circunstancias que se dan para que aparezca en escena.
El Doctor Allen Hobby expone a un selecto grupo de científicos
de Cybertronics su nuevo
proyecto: crear un robot niño capaz de amar y soñar.
En
ese momento, una voz sensata se alza para mostrar lo que luego
será el eje central del relato: “Si
un robot pudiera amar realmente a una persona, ¿qué
responsabilidad tendría esa persona a su vez con respecto
al Meca?”. Ante esta pregunta, Hobby responde:
“En el principio, no creó
Dios a Adán para que le amara”, con lo
que plasma sin ambages su incontrolable ambición y
su dudosa catadura moral. El creador pergeña a una
criatura a sabiendas de que será huérfana y
sufrirá toda clase penas, a causa del rechazo que recibirá
como moneda de cambio a su candidez.
De aquí se pasa al mundo ordinario,
u hogar, palabra que en este caso define con más propiedad
la situación. La familia Swinton decide acoger a David
para paliar en cierto modo el sufrimiento de tener a su único
hijo, Martin, en coma. Entonces conoce a Teddy, el superjuguete
con forma de oso de peluche y voz de anciano sabio, que hace
las veces de mentor (David le inquiere sobre la duración
de la vida y sobre el movimiento de la Luna) y ayudante del
héroe (le previene sobre el nocivo efecto que las espinacas
harán en él, con la advertencia: “Te
vas a romper” ). Nuestro “héroe”
conoce un adarme de felicidad al lado de Mónica, hasta
que uno de los antihéroes hace su aparición:
Martin. Se suceden diversos incidentes entre ambos (la provocación
al comer espinacas, el mechón de cabello, la piscina),
hasta que Henry, alarmado, persuade a su esposa para que se
deshaga del Meca.
Mónica lo abandona en un bosque
en compañía de Teddy (que viene a ser un trasunto
de Pepito Grillo), quien permanecerá fiel al “héroe”
a lo largo de toda su aventura. Éste es el momento
en que cruza el primer umbral y se adentra en un mundo ignoto
y hostil. Coincide, asimismo, con la irrupción de la
segunda parte del relato (La Iniciación).
David se ve sometido a una prueba
al poco tiempo de penetrar en este universo caliginoso. Es
capturado, junto con otros Mecas,
y conducido a la Feria de la Carne.
Pierde la pista de Teddy, pero éste lo busca hasta
dar con él. En este espectáculo de destrucción
conoce a Gigoló Joe, quien se convertirá en
un nuevo aliado o ayudante del héroe. Esta ordalía
la supera de la mejor manera posible: convenciendo al furibundo
público de que es un niño de verdad. Es su primer
éxito en su persecución de la mortalidad y del
amor de un Orga.
Gigoló Joe le lleva hasta Rouge
City, y allí se encuentra con el Dr.
Know (un señuelo del Doctor Hobby), quien le
enseña el modo de llegar hasta el Hada Azul. Se trata
de una prueba más que supera satisfactoriamente. Escapa
con la ayuda del gigoló, que pilota el anfibicóptero
y le conduce hasta Manhattan, donde lloran los leones. Allí
se encuentra con su creador, quien le explica quién
es en realidad y, con ello, hace que se desvanezcan sus sueños.
Por si quedaba alguna duda, Hobby se muestra como el mayor
enemigo o antihéroe, pues se opone a la realización
de los deseos de David.
Nuestro héroe se arroja desde
lo alto del edificio Cybertronics,
y en su caída al fondo del océano atisba en
la lejanía un haz de esperanza: el Hada Azul está
allí. Gigoló Joe lo rescata en un intento de
salvarle. Una vez en la superficie, la policía atrapa
al ayudante del héroe, pero antes deja preparado el
vehículo para que David (con su inseparable Teddy)
regrese al fondo del océano y encuentre al Hada Azul.
El pequeño robot llega hasta
un parque de atracciones dedicado al cuento de Pinocho que
había sido fagocitado por el agua años atrás,
cuando el deshielo de los casquetes polares inundó
Manhattan. Al final del recorrido, el Hada Azul, imponente,
hechiza su mirada. Debido al roce con una noria, el anfibicóptero
queda atrapado en las profundidades del océano. David,
indiferente a este hecho, llega a la prueba suprema. Con
toda la atención concentrada en el Hada, le suplica
que le convierta en un niño de verdad (y para ello
repite incesantemente sus ímpetras). Preciso es mencionar
en este punto que la figura de la jaula (Feria
de la Carne) y la pérdida de la libertad, como
la de poder elegir qué hacer en cada momento, es uno
de los nudos gordianos de la película. Ya desde su
misma creación, David tiene su voluntad emasculada
y limitada a los deseos que han implantado en él. Una
interpretación plausible a este respecto es que esta
idea figuraba en los bocetos originales de Kubrick, puesto
que éste fue uno de los temas que más le apasionaron
(véase 'La naranja
mecánica', 'El resplandor' , 'La chaqueta metálica'
, etc.).
La aparición de la voz del
narrador, que introduce una elipsis de dos mil años,
da paso a la tercera parte (El Regreso).
Transcurridos tantos años,
y después de haberse quedado inmóvil, David
obtiene la recompensa por su inmarchitable esperanza. Unos
Mecas más evolucionados lo encuentran, absorben todas
sus experiencias y deciden crear para él una recreación
(vuelta a la mímesis) de la casa donde vivió
con Mónica, para que su estancia sea lo más
agradable posible. A su vez, esto me remite al final de '2001:
Una Odisea del Espacio', cuando el monolito (que aquí
serían los Mecas)
configura para Bowman (el ser elegido, como David) una habitación
estilo Luis XVI austriaco de 1780, sugerida a aquél
por la mente de éste. Es la misma idea.
Por lo tanto, David emprende el camino
de regreso al hogar. Sin embargo, Mónica no está
allí, y sin ella nada de eso tiene sentido para él.
En este momento es cuando Teddy cumple a la perfección
con su rol de ayudante del héroe. Le entrega al joven
robot aquel mechón de pelo que le cortó a su
madre, y que él recogió con sumo cuidado; y
con la información genética contenida en él,
los Mecas hacen que Mónica
vuelva la vida, aunque sólo durante un día.
Durante
esas veinticuatro horas, David realiza las mismas actividades
(servir el café, jugar al escondite...) que tiempo
atrás, sólo que ahora con la plena entrega de
Mónica. De la misma manera, nuestro “héroe”
esboza unos dibujos en los que narra sus aventuras. En ellos,
Gigoló Joe tiene más importancia que ningún
otro. David cumple con el último deseo de su compañero:
ser recordado. Ese día es en sí mismo el eterno
retorno de lo idéntico, idea que también
figura en la eximia película de Kubrick.
La reaparición de Mónica
es la resurrección, tanto de ella como de nuestro “héroe”,
pues la única preocupación de su existencia
es estar con su madre. También es el retorno con el
elixir, que en el caso de David es oír de labios de
Mónica que siempre le ha querido; y más que
eso, compartir con ella un sueño eterno en un estado
de perenne felicidad. Como dice el narrador al final del filme:
“Por primera vez en su vida,
David fue a aquel lugar donde nacen los sueños”.


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