VI Drácula de Bram Stoker

Cartel de la película Drácula de Bram Stoker', dirigida por Francis Ford Coppola.
1 de noviembre de 2005 -

Por último, en 1992 Francis Ford Coppola dirigió ‘Drácula de Bram Stoker’, la adaptación más innovadora y ambiciosa de todas cuantas se han hecho. Desde el momento de su estreno dividió a la crítica.

Para unos no era más que un mero ejercicio de estilo lastrado por un barniz comercial, mientras que para otros se trataba de una joya visual dotada una plasticidad exquisita.

Lo primero que hay que decir es que la película no hace honor a su nombre. El ‘Drácula’ de Coppola no pretende ceñirse a la novela de Stoker; y si se le dio este título fue por una decisión de los productores de la Columbia, que querían hacer la adaptación definitiva. El guión de James V. Hart introduce una significativa variación con respecto al resto de adaptaciones: por primera vez Drácula es capaz de llorar. Nunca antes se le habían atribuido al siniestro conde sentimientos humanos. Como reconoció su director, las ‘Crónicas Vampíricas’ de Anne Rice habían reformulado el mito del vampiro. Lestat, su protagonista, experimentaba las mismas emociones que un humano, incluido, por supuesto, el amor. Así pues, este nuevo Drácula es concebido como un ser atormentado que vaga en el tiempo a causa de un amor no consumado.

Una introducción novedosa

El asombroso prólogo sirve para plantear la historia de amor entre Vlad y Elisabeta (es probable que Hart pensara en Báthory al darle este nombre), así como para explicar su conversión en vampiro. Stoker omite toda alusión al pasado del conde en su novela. Coppola, por el contrario, bucea en los orígenes de Drácula, de suerte que su personaje es el que más se parece al auténtico Tepes. Tanto es así, que en la memorable secuencia de la batalla se le ve empalando turcos, acción que ninguna otra película había mostrado con anterioridad. Este introito cumple, asimismo, la función de envolver a Drácula en un halo de fanatismo religioso y apostasía, elemento que refuerza sobremanera su férreo carácter.

El guión llegó a manos de Coppola de casualidad. Fue Winona Ryder quien, habiéndolo leído, se lo entregó para, en caso de que le interesara, rodarla juntos. La menuda actriz se había quedado con el prurito de trabajar a las órdenes de Coppola desde que no pudiera participar en el rodaje de ‘El Padrino III” (su papel lo hizo finalmente la hija del realizador, Sofía Coppola). El director neoyorquino dio el visto bueno y enseguida se reunió con James V. Hart, que llevaba varios años trabajando en este proyecto.

Como homenaje a Bram Stoker, se decidió emplazar la narración en el año en que fue escrita la novela; es decir, en 1897. Esto permitió recrearse en la belleza de la época victoriana. También fue un acicate para que Coppola mostrara su particular visión acerca de los orígenes del cine.

El cinematógrafo en el Londres victoriano

Lo que más destaca de ‘Drácula de Bram Stoker’ es la deslumbrante belleza de sus imágenes, por lo que es poco menos que obligado empezar desgranando su concepción formal. La aparición del cinematógrafo es fundamental en el modo en que está montada la película. Las sobreimpresiones nos retrotraen a los trucajes de Méliès, mientras que el montaje en paralelo nos remite al nacimiento del lenguaje cinematográfico de la mano de pioneros como Edwin S. Porter o David W. Griffith. También abundan los fundidos encadenados, como la cola del pavo real que se funde con la salida del túnel o como los orificios de la mordedura en el cuello de Lucy que se sobreponen a los ojos del lobo que se escapa del Zoo. El simbolismo que se crea con estos recursos formales recuerda a filmes como ‘Avaricia’, de Erich von Stroheim.

El relieve que Coppola confiere al cinematógrafo es tal que la secuencia en que Drácula pisa por vez primera las calles de Londres está montada a la velocidad de un proyector de la época (15 fotogramas por segundo), con el característico sonido de la manivela haciendo girar el negativo. Además de eso, la imagen está granulada para otorgarle un tono añejo. Un chico que reparte la prensa de un penique pregona a voz en grito las maravillas del nuevo invento, que había dejado obsoleto al kinetoscopio de Edison. La vinculación de Coppola con las primeras patentes destinadas a capturar la imagen en movimiento se explicita en el nombre de su productora: American Zoetrope.

Drácula asiste poco después en compañía de Mina a una proyección de lo que parece ser una película de golfos y picardías. El local donde se ofrecen estos espectáculos de ilusionismo y sombras chinescas remeda al Salón Indio del Grand Café en el Bulevar des Capucines, donde los Lumière hicieron su primera proyección pública el 28 de diciembre de 1895. Las sombras chinescas son una reproducción de la crepuscular batalla inicial de Drácula contra los turcos, rodada con la misma técnica. Aquí se aprecia una evidente fascinación de Coppola por ‘Kagemusha’, de Akira Kurosawa.

Magia, hipnosis y magnetismo animal

Los trucos de magia y las peregrinas teorías sobre hipnotismo y metempsicosis que proliferaron en la Europa fin de siècle también están presentes. Drácula, todo un taumaturgo, transforma las lágrimas de Mina en diamantes, ante su sorpresa y su arrobo. A diferencia de las otras versiones, en esta película puede utilizar sus poderes para un noble propósito. El profesor Van Helsing, por su parte, es un experto en magnetismo animal y en mesmerismo. Puede someter la voluntad de otra persona, como hace con Lucy y con Mina. Este poder lo comparte con su enemigo, que tira de los hilos de Lucy para convertirla en un nosferatu y que se comunica telepáticamente con su adorada Mina para que acuda a su encuentro. También le dicta cuándo puede verle y cuándo no. Se percibe que siente vergüenza de que le vea bajo la forma de bestia, cuando hace suya a la desventurada e inerme Lucy. Poco más tarde, al contrario, atrae su atención cuando pasea por Londres bajo la envoltura de caballero apuesto y donairoso. La secuencia en que una calesa atraviesa el eje de sus miradas mientras Drácula le espeta con un deje hipnótico: “Puedes verme. Ahora vas a verme.” es sublime. En última instancia, Drácula sólo quiere proteger a Mina, como demuestra su renuencia a que libe su sangre y se convierta en lo que él es: Nada. La atracción animal (que, no olvidemos, siempre es hacia lo desconocido y turbador) que existe entre los dos amantes se ve acentuada por la inopinada presencia del lobo de blanco pelaje. A resaltar las palabras del conde: “Tenemos mucho que aprender de los animales”. Se cita textualmente a la novela cuando Drácula musita extasiado: “Sus aullidos son música para mis oídos”.

Pero la voluntad del conde aún llega más lejos, pues es capaz de utilizar los elementos a su antojo y los animales le obedecen. Este dominio de la voluntad sobre la Naturaleza haría la envidia del mismísimo Schopenhauer.

Los avances de la tecnología están subrayados, no ya sólo en plano de las imágenes, sino también en el de los diálogos. Hay una focalización en aparatos revolucionarios como la máquina de escribir que usa Mina, el dictáfono en el que el Dr. Jack Seward deja constancia de sus confidencias amorosas, el gramófono de la habitación de Lucy o el mecanismo para la transfusión de sangre. Paradójicamente, Drácula, un ser proveniente de una cultura atávica, se erige en defensor de la ciencia, mientras que Mina, que vive en una gran urbe, le quita todo valor cultural al cinematógrafo. Esta alusión a la ciencia también se daba en la novela de Stoker.

El Hada Verde

Otro elemento habitual en los retratos de finales del XIX, especialmente en los círculos bohemios, es el alcohol y las drogas. En una secuencia sensual y hermosa, Drácula inicia a la inocente Mina en los misterios del Hada Verde. Los glóbulos rojos que habíamos visto antes aquí adquieren una tonalidad ambarina, como burbujas de amor. La absenta que el conde escancia en una copa (una copa que, en realidad, es como una cornucopia) colocada delante de la botella hace resaltar la palabra ‘Sin’. La idea del pecado nada en la superficie. Esta dilección por los licores no deja de ser normal en un “connaisseur” de los caldos más exquisitos.

Por otra parte, el Dr. Seward se inyecta morfina parar huir de la decepción que le provoca el rechazo de Lucy.

Además de las sobreimpresiones y de las sombras chinescas, Coppola se vale de la linterna mágica para jugar con la sombra de Drácula. Esto se hace muy patente en el castillo, cuando recibe a Jonathan Harker. La sombra adquiere vida propia y se desliga del cuerpo, despistando así a su huésped. Cuando el agente inmobiliario le habla de Mina y le dice que van a casarse, la sombra hace el conato de estrangularle. Del mismo modo, durante la recepción de Lucy, la sombra acaricia el rostro de Mina cuando ésta siente envidia del éxito que su amiga tiene con los hombres. Con ese gesto Drácula le está diciendo: “Tú no necesitas ser el centro de atención. Me tienes a mí, que es como decir que lo tienes todo. Deja lo vulgar para los demás”. En estas secuencias de claroscuros es donde mejor se manifiesta la influencia del expresionismo de ‘Nosferatu’.

El simbolismo

A lo largo de toda la película se observa una persistente fijación por el círculo como figura geométrica y como principio y fin de la vida. Es en este aspecto donde el simbolismo alcanza su mayor expresión. Hay primeros planos de las pupilas de Mina, de los ojos del lobo cimarrón, de los orificios de la mordedura, de los hematíes, del túnel por el que sale la locomotora, de la hostia sagrada y de la mácula de la cola del pavo real. Este animal, que simboliza la vanidad, y el espejo, al que en la Edad Media se le atribuía esa misma connotación, se opone a la trascendencia de Drácula. Cuando éste afeita a un aturdido Jonathan, no soporta ver su imagen reflejada en el espejo y los cristales se hacen añicos como consecuencia de su explosión de ira. En ese momento, Drácula reprueba la vanidad de ese invento.

El espejo, la ristra de ajos, el vello de las palmas de las manos y los crucifijos son algunos de los símbolos asociados al vampiro que en ‘Drácula de Bram Stoker’ se mantienen incólumes, además de la estaca clavada en el corazón y de la decapitación. También respeta, aunque sólo por momentos, la narración epistolar. En el lado opuesto, en uno de los aspectos que más difiere este Drácula del de Stoker es en su polimorfismo, que lo emparenta con las empusas griegas. Estas mutaciones, qué duda cabe, fueron poco menos que necesarias para hacer posible el maridaje entre el cine de terror y el romántico.

El fastuoso vestuario de Eiko Ishioka

Además de por este alambicado montaje, la película de Coppola es recordada por su excepcional y barroco diseño de vestuario egresado de la portentosa imaginación de Eiko Ishioka. Cómo olvidar la armadura que porta Vlad Tepes en el prólogo: una especie de caparazón de escarabajo o de anatomía de un cuerpo privado de la piel con los músculos aún palpitantes (esta interpretación es razonable, pues conocida era su afición de desollar vivos a sus enemigos). Ishioka se inspiró en los cuadros de Gustav Klimt (sólo hay que ver la túnica que Drácula lleva puesta en el desenlace), en las armaduras de samuráis y en el arte bizantino. Estos trajes están considerados como obras de arte, y se han expuesto en museos como el MOMA. Por supuesto, su excelente trabajo se vio recompensado con el Oscar. La diseñadora japonesa también confeccionó el vestuario de ‘La celda’, de Tarsem Singh, película en la que Jennifer López aparece embutida en un traje similar al descrito ut supra.

Tampoco podría entenderse ‘Drácula de Bram Stoker’ sin su música. Wojciech Kilar compuso una de las mejores bandas sonoras que jamás se haya oído en el cine. El compositor polaco combinó con maestría piezas tiernas y románticas como ‘Love remembered’ con partituras sombrías y frenéticas como ‘Vampire hunters’. Entremedio, una serie de movimientos sensuales y perezosos como una serpiente de cascabel, de la que dan muestra ‘The brides’ o ‘Lucy´s party’.

Gary Oldman, un Drácula apuesto y visceral

No podía acabar este opúsculo sin referirme a los actores. Gary Oldman fue el elegido para encarnar a Drácula (por suerte, el pacato de Andy García desestimó este papel por su alto voltaje erótico). Basta decir que es la mejor interpretación de su carrera. Está soberbio en el papel de galán y, maquillaje mediante, consigue inquietar con sus constantes transformaciones. Da un recital de interpretación en el prólogo, cuando besa el crucifijo después de salir victorioso de la batalla, y posteriormente, cuando abre las puertas del castillo y descubre el cuerpo sin vida de su amada Elisabeta. Su apostasía materializada en la espada clavada en la cruz y en el cáliz de sangre que se lleva a los labios te deja sin pulso (los planos cenitales son muy acertados). Parte del mérito de ésta y otras secuencias la tiene Michael Ballhaus, espléndido director de fotografía responsable de maravillas como ‘La Pasión’ o ‘Gangs of New York’. No menos importante es la utilización de palabras eslavas, factor que contribuye a hacer más viscerales a los personajes.

Winona Ryder se reservó el papel de Elisabeta y de Mina Murray, su reencarnación. Supo plasmar con brillantez la indefensión y la integridad que siente ante un suceso que escapa a su comprensión. También fue capaz de transmitir la determinación que le confiere el vínculo telepático con Drácula. Quizá le faltó un adarme de sensualidad y descaro en la secuencia en que trata de seducir a Van Helsing, en la que no acaba de resultar convincente. Huelga decir que el favorecedor vestuario victoriano hizo resplandecer su ya de por sí rutilante belleza. Es la única que ve a Drácula como un ser noble, a pesar de sus crueldades, porque entiende que para una mujer no hay nada más reconfortante que estar protegida por un hombre poderoso que sólo tiene ojos para ella y que oblitera todo lo que no sea su amor.

Keanu Reeves, que por entonces aún no había dado el salto al estrellato, interpretó a Jonathan Harker. Su transición de ingenuo y bondadoso agente inmobiliario a implacable verdugo de Drácula está muy lograda, aunque el envejecimiento prematuro que sufre a consecuencia de las mordeduras de las novias de Drácula no sea del todo creíble.

La sensualidad de Sadie Frost

Sadie Frost brilla con luz propia en la piel de Lucy Westenra, hasta el punto de eclipsar a Winona Ryder en algunas escenas. Exuda sensualidad por los cuatro costados, aunque sea de justicia señalar que es más casquivana de mente que de facto. Su momento álgido tiene lugar cuando Drácula desata la tormenta ante el inminente atraco del Demeter. Con la lluvia acariciando sus rostros y empapando sus livianas y vaporosas vestes, Lucy y Mina danzan a través de los senderos del abigarrado parterre (que guarda una gran similitud con el laberíntico jardín de ‘El Resplandor’) y se besan como dos niñas inocentes sin percatarse de la presencia maligna que les está observando. Por ser la amiga íntima de Mina y su contrapunto libidinoso, Drácula la utiliza para alimentarse. Su vestido de novia luego le sirve de mortaja, lo que resulta tétrico a los ojos del espectador.

Anthony Hopkins dio vida al eminente médico Abraham Van Helsing, experto, también, en ciencias ocultas. Puede que cometa demasiados excesos en su rol de irreverente y sarcástico científico, pero, en cualquier caso, dota al personaje de alma. No tiene ningún reparo en tildar a Lucy de “concubina del Diablo”, ni en explicar a Mina con todo lujo de detalles cómo murió (aquí hay un impactante fundido encadenado entre la cabeza degollada de Lucy y un trozo de carne trinchado). Es la franqueza llevada al límite. La admiración que siente hacia Drácula, del que reconoce que fue “una mente poderosa”, abre una subtrama muy interesante.

Para interpretar a Renfield, Coppola pensó en su amigo el cantante y ocasional actor Tom Waits. Es el personaje que más se parece al original: igual de demente, igual de amante de la entomofagia. Está correcto en su papel de venático, en ese manicomio de condiciones higiénicas insalubres. Consigue dar lástima cuando Drácula le mata por traicionarle.

El primer papel destacado de Monica Bellucci

Por último, y aunque apenas aparezca unos minutos, merece la pena señalar la cautivadora presencia de Monica Bellucci como una de las novias de Drácula. En su debut en Hollywood, cuando tenía veintidós años, mostró su arrolladora voluptuosidad. La secuencia de la seducción de Jonathan por las vampiros contiene un montaje excelente compuesto por planos cortos impregnados de lascivia. Una de las novias tiene serpientes por cabellos. Está claro que son una reproducción de las Gorgonas.

‘Drácula de Bram Stoker’ tuvo una gran repercusión mediática y caló hondo en la sociedad. Prueba de ello es que algunas de sus frases han sedimentado en el la memoria cinematográfica. ¿Quién no ha oído nunca aquello de “He recorrido océanos de tiempo para encontrarte” o “La sangre es la vida” (ésta es una cita de la novela)? Es, con permiso de ‘Barry Lyndon’, la película más bella que se ha rodado, y la constatación de que las pretensiones comerciales no siempre están reñidas con las obras maestras.

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Noticias sobre Drácula

VI   Drácula de Bram Stoker
VI Drácula de Bram Stoker - 1 de noviembre de 2005

Moonii - 07/06/2008 01:20
me encanta la peli... alguien sabe donde puedo conseguir el poster que tenia las cuatro caras de gary caracterizado? si lo saben me pueden avisar en el blog... se los voy a agradecer... Besitos
andycat - 01/03/2008 04:05
La música es esplendida, los momentos en lo que se plasma le dan un toque único. Han logrado darle ese matiz necesario que la hace toda una obra maestra...me fascino, muy buena la realización.
mengano - 03/07/2007 12:21
Toda una lección de cine en cuanto a planos,angulación, música, montaje, uso de colores cálidos y fríos instalados en una etereidad propia del sueño,...Una joya de la técnica cinematográfica.
Paris - 24/04/2007 06:19
Solament decir de esta pelicula q si no la tienen en su videoteca salgas a su centro comercial mas cercano y comprensela.Lo que hace años dividio a la prensa y a medio mundo hoy es una obra maestra llena de ricos dialogos con toques tan excepcionales del grandisimo Francis Fird Coppola.Dracula (de Bram Stoker) a obtenido ese titulo puesto que para muchos a sido la definitiva,una adaptacion literaria tan buena que a dia de hoy todavia todos recordamos esas escenas tan aterradoras como cuando Lucy baja por las escaleras de su tumba con un niño en brazos para devorarlo o escenas tan eroticas como la de las 3 novias de Dracula seduciendo a Jonathan.No me voi a alargar mas solamente decir que esta superproduccion es EXQUISITA
hammerfall - 20/03/2007 12:50
sencillamente me encantaaaa.....¡¡¡¡¡actores,banda sonora..vestuario,maquillaje...y sobre todo ...esa apasionada historia de amor....esta peli me hace soñar¡¡¡¡¡¡mordiscos yugulares a todos....¡¡¡¡¡
Sandra - 24/01/2007 22:38
Una peli excelente,sin palabras..me encanta!la he visto tantas veces y aun asi no me cansaria nunca de verla,el amor q sienten es algo precioso y la banda sonora es lo mejor,en fin es mi favorita entre las de horror y suspense..
NETHZATH - 04/01/2007 18:44
PELICULA MARAVILLOSA GRAN ADAPTACION PERO UNO KE OTRO ERROR PEQUEÑISIMO ...PERO NADA QUE SEA DE MAYOR INPORTANCIA
Comentarios sobre el artículo -
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